El amor “romántico” es patriarcal

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Antes de empezar el artículo me gustaría clarificar que cuando hablo de “amor romántico” me remito al sentido que comúnmente, en la calle, se le atribuye a “romántico”. Es decir, a toda esa palabrería, juego de conceptos y frases vacías estilo “siempre te querré”, “eres la mujer de mi vida”, “sólo tengo ojos para ti” alimentados hasta la saciedad por el fuego a discreción de una artillería de películas made in Hollywood. Este tema suele tocar la fibra sensible de muchas parejas y admito que es muy delicado. En la cultura latina, extremadamente machista, nos ha costado mucho introducir debates de este calibre y hemos asimilado actitudes y códigos de dominación e interacción muy complicados de superar. Sin embargo, me parece muy importante fomentar debates en torno a esta problemática. El denominado amor romántico suele ser utilizado como pretexto para subyugar a las mujeres, para encadenarlas a relaciones impregnadas de violencia machista.

Los pseudocientíficos neo-darwinistas actuales intentan buscar en la biología la explicación de la diferencia de roles y comportamientos en el ser humano. A través de la explicación evolutiva, se intentará entonces justificar porqué existen los celos, la monogamia o la posición de la mujer en nuestras sociedades. De esta forma, argumentarán cosas del estilo: “una mujer siempre sabe que el hijo que lleva en el vientre es suyo (pues lo lleva ella, no hay equivocación posible) mientras que el hombre nunca puede estar 100%  seguro (las pruebas de ADN son muy recientes), esto ha provocado que los celos del hombres estén enfocados al sexo y no al aspecto emocional. Por el contrario, la mujer quiere tener un hombre que cuide de ella y sus hijos, para mantenerlo es necesaria la conexión emotiva y por ello sus celos siempre estarán centrados en aspectos emocionales” (D.Stamos; Evolución: Los grandes temas). Este tipo de afirmaciones, que presuponen una cadena de factores entrelazados inimaginable, son las que intentan justificar la sumisión de la mujer además de suponer, aunque de forma implícita, una legitimación de la institución del matrimonio vigente. No tengo mucho espacio para rebatir de forma científica la afirmación ahora expuesta (no quiero hacer un tratado) pero hay algo ilustrativo: si bien ambos géneros pueden tener celos, las legislaciones occidentales (y casi mundiales) siempre han sido en favor del hombre y no de la mujer (por ejemplo, la mujer infiel podía ser ahorcada, el hombre infiel de ninguna manera).  La explicación evolutiva desprovista del construccionismo social o de la dominación de género como posibles teorías explicativas de las relaciones queda así claramente limitada.

Todo esto no lo digo por decir, hay una extendida creencia entre los partidarios del “amor romántico” que asegura que “los celos son positivos, ya que significa que el otro piensa en mí y que le importo mucho”. Los celos, la “fidelidad” (mal entendida) son la columna vertebral de las relaciones de pareja vigentes. Desde un punto de vista neutro (sin tener en cuenta el género), los celos son en sí mismos una enajenación pues nacen del deseo de posesión. El simple hecho de querer poseer la voluntad de la otra persona, es, para empezar, una cuestión quimérica pero, todavía mucho más grave, lleva en sí la lucha de poder y la voluntad de querer someter a una persona a tus propios deseos, de esclavizarla. Esto es para ir abriendo boca (no tengo en cuenta el género). Pero el hecho es que además, la posición dominante del hombre en nuestras sociedad (no entraré en la genealogía de ésta en el artículo) acaba por imponer su criterio que se ha manifestado de forma brutal con la violencia machista en nuestras sociedades. Los celos operan como un mecanismo de dominación por parte del hombre hacia la mujer. El asesinato que muchos hombres perpetran contra las personas con las que están casados -o no- es la última fase de este deseo que nunca puede satisfacerse: querer poseer la voluntad de la mujer a toda costa, hay un momento que la proyección que ellos mismos realizan del mismo hacia la otra persona, al ser inalcanzable, se traduce en la eliminación física de la otra persona. Muchas veces suele continuarse por el suicidio del hombre, que se da cuenta que una vez muerta la otra persona tampoco podrá ser dominada. Éstos son los casos más extremos, pero el querer controlar a tu pareja en todo momento es simplement el comienzo de este fatal camino, cuyo origen son los celos y el deseo de poseer y dominar voluntades ajenas.

El “amor romántico” está contaminado completamente por los celos. Cuando el hombre afirma “siempre te querré” “eres la mujer de mi vida”, suspendiendo al tiempo, haciéndolo inmutable, confundiendo fase de enamoramiento con amor está inoculando la semilla de los celos en ti misma. Establece de entrada códigos de dominación. Al ser la mujer de su vida -y no de la tuya propia- ya está, de forma subyacente, asegurando que te posee (pues eres de SU vida). Cuando esta afirmación la realiza la mujer (“eres el hombre de mi vida”), la situación puede ser todavía peor. Idealizando la posición del “príncipe azul” estás a la merced de su voluntad (no por nada, tal como están las cosas, al llevar el patriarcado en nostrxs mismxs, la relación de entrada ya es desigual y vas a otorgarle y concederle todo lo que él quiera). Desintoxicarse de siglos de supremacia masculina en unos pocos años es siempre empresa complicada.

Muchas personas han interiorizado de tal manera los valores dominantes que pueden ver positivo que su pareja sea celosa.  Viene después todo el discurso pseudoromántico para afianzar la posición hegemónica del hombre en las relaciones personales. Podéis hacer la comprovación vosotrxs mismxs en vuestras relaciones cotidianas, muchas veces el hombre muy celoso es violento y agresivo (y así se lo hará ver a su pareja, a la que intentará dominar como pueda a través de distintos mecanismos; violencia verbal o física, códigos disciplinarios que crean poder etcétera). La mujer celosa, por su lado, muchas veces suele intentar cambiar su actitud en el sentido: ¿Qué quieres que haga? “eres un cabrón, ¿por qué me haces esto?, ¿No me quieres?”para complacer todavía más a su pareja. Nótese la diferencia de trato. EL hombre celoso más que buscar complacer a su pareja, por su posición dominante lo que hace es ejercer su autoridad y su control. La mujer no ejerce su autoridad sino que manifiesta e intensifica su sometimiento. El “amor romántico” lleva aparejado todo este sistema de poder.

Ya me he extendido mucho más de lo que quería. El tema trae mucha cola la verdad pero es que queda mucho trabajo por hacer (en todos los niveles, laboral, social..). El patriarcado, alimentado por el capitalismo, se manifiesta en nuestra vida diaria de múltiples formas. Las actitudes machistas son nuestro pan de cada día, desde la mujer sometida a la dictadura de la imagen (impuesta por los hombres), maquillaje como burka occidental (como dirían los chikos del maíz) hasta la distribución de tareas o los valores predominantes en nuestra sociedad (competencia, violencia, lucha de poder..). El alba de la sociedad que elimine las desigualdades de género está todavía lejos aunque vamos haciendo camino.

Desde aquí hacer una apología del amor libre, el amor que respeta la autonomía de la otra persona, que no intenta ni busca dominarla, que no es celoso, que no es posesivo, que ama la propia imperfección y que reconoce que estamos todos interconectados y al mismo tiempo tenemos nuestros márgenes de libertad. Que busca romper con las estructuras impuestas por el patriarcado para encontrar la igualdad y el mutuo reconocimiento. Es un camino complicado, desprenderse de muchos códigos culturales (ya sabemos que la mujer que se acuesta con diversos hombres tendrá la desaprovación y la condena social, todo lo contrario que el hombre) es muy duro. Debemos colaborar juntxs y promover del amor libre en todas las faceta de nuestra vida.

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